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Archive for the ‘Vinos’ Category

Vivieron una época de ostracismo, arrinconados en las cartas y vinculados a postres o pastelería. Hoy los vinos dulces están más en boga que nunca, y los críticos han comenzado a ponderar su lozanía y temperamento.

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El vino dulce vuelve a estar de moda. El final del siglo XX fue la época de oro de los blancos y tintos secos, austeros y democráticos; hasta entonces lo meloso triunfaba. El aura de leyenda que tienen estos vinos como aristocráticas bebidas “nobles” los mantuvo en el primer plano hasta después de la Belle Époque, cuando fueron arrinconados en los estantes de las pastelerías y en la sección de postres y licores de las cartas. Pero las cosas están cambiando y los nuevos dulces, más lozanos y frescos, aportan una visión distinta y muy actual. Los amantes de los vinos con carácter deberían prestarles atención.

Reescribir la historia.- El champagne brut fue, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, una bebida local de campesinos. Las botellas de los cuadros de Toulouse-Lautrec andaban por los 100 gramos de azúcar, más cerca de los Pedro Ximénez que de los espumosos que bebemos hoy.

Por la Cataluña de Gaudí y el art-déco corrían ríos de Alella semidulce y los menús de fiesta de los grandes hoteles tenían como estrellas al Chateau d’Yquem de Sauternes (Burdeos), los Vendimias Tardías de Rin alemán y el Tokaji húngaro, maridados con los platos de la densa cocina francesa de la época. Las clases populares tenían que conformarse con los dorados riojas que se vendían como “Cepa Sauternes” y que eran sus imitaciones locales.

Dos guerras mundiales convulsionaron el planeta y, a la vuelta, los gustos se simplificaron. La “Gran Sociedad” de los años 60, 70 y 80 trajo el ascenso social de unas clases medias que preferían vinos más secos y directos: fruta y roble limpios para almuerzos urbanos. Discretamente, los nuevos supermercados fueron apilando las escasas botellas de dulces en las secciones de licores, vermut y demás vinos raros y viejunos.

Pero la apertura internacional que vino con la prosperidad de fin de siglo trajo una visión idealizada de los dulces de otras tierras. No era el momento aún de reivindicar nuestros modelos históricos; lo que nos fascinó entonces fue el encanto importado de los grands crus de Sauternes-Barsac, las Vendimias Tardías de Alsacia, los TBA y los Eiswein alemanes, los Vinsanto italianos, el Oporto Vintage y el Tokaji húngaro, renacido tras la caída del Muro de Berlín y el fin de la colectivización soviética. Todo un mundo para iniciados, ajeno a la sabida trilogía de blanco-rosado-tinto y lleno de sensaciones sofisticadas y únicas. Con su descubrimiento nacieron y evolucionaron nuevos estilos dulces en nuestro país.

Los de antes y los de ahora

Los enólogos españoles se han inspirado en estos modelos, usando las variedades de uva locales si se muestran apropiadas o incorporando las originales de estos estilos –riesling, sauvignon blanc, gewürztraminer– y sus métodos de elaboración, sin olvidar el hongo “noble” –la botritys cinerea– difícil de manejar porque es el mismo que pudre las uvas y arruina las cosechas, pero que resulta ser la seña de identidad del gran blanco dulce europeo. Los vinos así elaborados mantienen una relativa palidez, mucho carácter frutal y una acidez vibrante que equilibra y matiza su melosidad.

Nuestras tradiciones son otras: dulces corpulentos, oscuros, de alto grado y larguísima crianza, nacidos de uvas asoleadas sobre esparto en el duro verano andaluz hasta volverlas pasas, o enranciados en damajuanas de cristal expuestas a la intemperie de la meseta castellana durante varias temporadas, o con la fermentación “apagada” con alcohol para conservar el intenso dulzor que define a los mistelas del Mediterráneo. Unos vinos únicos, magníficos, hechos con moscatel, malvasía, monastrell, garnacha o Pedro Ximénez y métodos que pueden datar de tiempos de los fenicios o del Imperio Romano, pero menos resultones para el paladar del consumidor medio y, por ello, más difíciles de homologar en el mercado internacional.

Los nuevos dulces españoles forman un movimiento poco homogéneo, pero con rasgos comunes. Es una escuela “transversal” que adora recrear, en clave actual, los modelos clásicos ajenos pero también los propios como el antiguo sack canario y los mistelas del Mediterráneo. Menos oxidativos que sus antepasados, más frutales, han bajado de dulzor y ganado acidez fresca y jugosidad. Digamos que están más cerca de la barra del gastrobar que de la merienda de la abuela y son buenos amigos de las cocinas exóticas, el foie, los postres lácteos y los quesos azules.

Blancos culturales

El pistoletazo lo dio Felipe Gutiérrez de la Vega al retomar el antiguo viñedo familiar de Moscatel Romano en Jávea (Alicante). En 1987 nace la serie Casta Diva, unos blancos muy culturales dedicados a la ópera, que incluye un Cosecha Dorada seco y un Cosecha Miel fermentado en roble francés y elaborado con vendimias sobremaduras. Un moscatel de enorme ambición en una botella transparente que lo ubica antes en Burdeos que entre los mistelas de Alicante. La aventura continúa en manos de la segunda generación y con lanzamientos como un Reserva Real 2002 que es el Cosecha Miel con ¡108 meses de roble!

El ejemplo de la moscatel mediterránea llevó a los viticultores del interior a plantearse un trabajo equivalente con la variedad de grano menudo, relativamente abundante en las mesetas y en zonas del Ebro como Aragón y Navarra. En 1994 Javier Ochoa comercializa el suyo con una sobria etiqueta que reza “Vendimia Tardía”. Varios años experimentando en la Estación Vitivinícola Experimental (EVENA) le habían convencido de cosecharla sobremadura para un blanco de corte centroeuropeo, fermentado en virgen, sin “apagado” de alcohol ni paso por madera. Su buena acidez permite un equilibrio acidulce perfumado de frutas tropicales y rosas que inauguró una raza de aromáticos moscateles de vendimia tardía que no existieron antes de los años 90 y que no se circunscriben ya a Navarra.

Protagonista, el monte

Por entonces, Telmo Rodríguez se instala en las montañas de la Axarquía, en Málaga, antigua tierra productora de dulces milagrosos casi olvidados y apenas de subsistencia a finales del siglo XX. En 1998 aparece “Molino Real”, bautizado como “Mountain Wine”, etiqueta de los vinos de la zona en la Inglaterra del XVII. La vendimia sobremadura de las viejas cepas de las laderas escarpadas de pizarra se asolea para concentrar su dulzor y luego fermenta y madura en roble –a diferencia de la segunda marca M.R.– para “dejar el protagonismo al monte”. El renacido moscatel se convierte en el modelo adaptado luego por Jorge Ordóñez y otros pioneros, como Bentomiz. Hoy los “mountain” son la parte más visible del renacimiento de la D.O. Málaga, que ha modificado su nombre para incorporar sus sierras.

Las Islas Canarias tienen dulces con un punto moderno gracias a una tradición que nunca se interrumpió. Los suelos pobres y volcánicos producen vinos bien concentrados y muy personales de fuerte acento mineral y floral, con diferentes variedades y matices según islas. La Palma produce malvasías aromáticas de vendimias tardías en versiones cada vez más refinadas y ambiciosas. Tenerife fue en tiempos el gran viñedo desde el que salían los sack de malvasía a la exportación y hoy hay quien, como Viñátigo en Icod, los homenajea y recrea en unos blancos muy actuales. En Lanzarote, los dulces y semidulces naturales, frescos, hechos a partir de la variedad local de la uva son una especialidad turística única.

En las zonas mediterráneas, la tradición de los tintos abocados se encontró con el culto al Oporto Vintage de los pioneros modernos. La monastrell ya había demostrado su validez para tintos añejos y fuertes como el fondillón alicantino, pero las nuevas versiones, más frutales, miran más al Duero que al Mediterráneo. Los concentrados y elegantes dulces de Castaño, Silvano García o Gutiérrez de la Vega pasan brevemente por barrica y muestran un perfil entre la mermelada de frutas, el bombón de licor y la tierra seca. En la misma escuela se puede inscribir la recuperación por parte de los viñadores gaditanos de la variedad tintilla de Rota.

Las comarcas catalanas –Priorat, Montsant, Terra Alta– cuentan con su propia gama de tintos dulces basados en Garnacha, Cariñena y otras variedades, como syrah, vinificadas de distintas formas pero con el nexo común de la fruta confitada y sin el carácter oxidativo de sus predecesores. Entre los pioneros, el Dolç de l’Obac nacido a principios de los 90.

Por último, en lo que podríamos denominar terreno freestyle hay un largo repertorio de vinos creativos que suponen todo un desafío para la imaginación y la maestría de sus creadores y para los esquemas del consumidor, desde los coqueteos con la peligrosa y fascinante botritys cinerea en tierras de Rueda, Rioja, Navarra o el Penedés, pasando por la pasificación de racimos al aire en bodega que se practica en lugares de Galicia y el País Vasco, hasta el alarde tecnológico que supone congelar la vendimia tardía para reproducir, a orillas del Mediterráneo, los “vinos de hielo” alemanes y canadienses, nacidos bajo la nieve.

 

El vino dulce en 7 claves

Para que las levaduras no conviertan todo el azúcar en alcohol, hay que tener un mosto muy dulce, lo que requiere eliminar agua de las uvas.

El método de las tierras cálidas ha sido usar el sol, el “asoleo”, para pasificar los racimos.

En zonas más lluviosas prefieren secarlos al aire durante meses en lagares, como hacen los italianos para sus passitos.

Las nieblas de fin de verano permiten, en contados paisajes, usar el hongo “noble” –labotritys– para concentrar el zumo dentro de la uva, robándole humedad y marcándola con su perfume.

Otro método, el de las tierras frías, es vendimiar bajo la nieve uvas congeladas que, al ser prensadas, retendrán parte del agua en forma de hielo. En todos estos casos, obtendremos dulces “naturales”, sin encabezado.

Otra posibilidad, la del Oporto, es interrumpir la fermentación con alcohol. La rápida subida del grado supone el K.O. para las levaduras y permite a estos vinos de “licor” conservar gran parte de su dulzor.

Y un caso extremo son los mistelas, puro mosto “apagado” con aguardiente que nunca fermenta y que, por ello, retiene todo su azúcar.  

 

FUENTE: SOBREMESA. REVISTA ESPAÑOLA DEL VINO Y LA GASTRONOMÍA

Autor: Luis Vida. Imágenes: Arcadio Shelk

Fecha publicación: 17 de mayo de 2016

   

 

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Hasta no hace mucho era difícil que un salón dedicado al vino blanco reuniera comparecencias suficientes para llevar ese título, pero hoy día, los blancos de distintos puntos del país demuestran que hay futuro.

El pasado lunes Madrid se llenó de vino blanco en una tercera convocatoria del Salón de Grandes Blancos de España, una cita para aficionados y profesionales donde ya a últimas horas de la tarde se aglomeran los catadores para descubrir rarezas, novedades o apreciar la evolución de una florida muestra de vinos de este tipo.

 Este año, como los anteriores, el salón convocó a representantes de las principales zonas productoras de vino blanco del país, como Galicia, País Vasco, Cataluña o Rueda, junto a zonas menos sonadas por su producción, como Somontano, La Mancha o Rioja que, cada vez más, muestran que sí, se puede dar en el blanco y acertar.
Novedades y más
 Del salón lo más atractivo son las novedades y las nuevas añadas de los clásicos. Entre las primeras, dos recién nacidos, el albariño El Secreto de Candela, de Bolboreta Wines, que se estrena en el mercado con un 2014 divertido, bebible, con un interesante punto salino; nuevo en el salón es también elBailarina Malvar 2014, una buena muestra de que se puede elaborar un vino alegre y fresco con una variedad menor como la malvar. En esta línea, aunque no son nuevos, destaca La Malvar de MQV 2014, también de esta variedad, convertida en un vino con cuerpo, aromático y muy fresco, y el cada vez mejor Ercavio, ahora elaborado totalmente con airén, una uva manchega con la que habitualmente se hacen destilados pero que, en manos del equipo de Más que vinos, se convierte en un blanco aromático, seductor, sabroso y muy bebible. Otra de las novedades es el Remírez de Ganuza Blanco, la apuesta por los blancos de guarda de Fernando Remírez de Ganuza, una vez desaparecido el estupendo Erre Punto Blanco. Estaban presentes las novedades de Javier Sanz Viticultor, con el Verdejo Malcorta, un vino rompedor y distinto que da pinceladas de color a Rueda, y los elegantes José Pariente Cuvée,elaborado completamente en huevos de hormigón, seductor, elegante, fino, que muestran que la región vallisoletana tiene mucho que decir aún, junto a los blancos de Marqués de Riscal, con Finca Montico a la cabeza, cada vez mejor acompañado por un fresco y seductor verdejo y el intenso Limousin, pulido, elegante.
Sin salir de la región pero sin tocar la Denominación de Origen, los vinos de Ossian no faltaron a la cita, desde el estupendo Quintaluna hasta Capitel, un auténtico gran vino de verdejo, junto a Ossian, que fue una revelación y se sigue manteniendo como una referencia imprescindible, y los más rebeldesVerdling Trocken, con toque alemán en la elaboración pero verdejos auténticos.
También es notable el buen trabajo de Garikoitz Rios y sus Itsasmendi, siempre solventes, con el magnífico y expresivo Artizar 2012, un ejemplo de lo mejor que se está haciendo en Txacoli, aunque afortunadamente, no lo único. Y de Valdeorras, dos bodegas ejemplares, As Sortes, cuyo vino del mismo nombre se consolida entre los grandes blancos con mayúsculas, y Guitián, vinos para dar satisfacción que no renuncian a la complejidad y la autenticidad de una de las blancas de moda, la godello.
Cambio en Viña Mein
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Javier Alén, propietario de Viña Mein
De Galicia también destaca el cambio de rumbo de Viña Mein, renovada gracias a la asesoría desde la añada 2014 de Comando G, Dani Landi y Fernando García, conocidos por sus brillantes elaboraciones en Gredos. “Renovarse o morir” comenta el propietario, Javier Alén, cuando se le pregunta por la incorporación de Comando G. Las añadas “G” de Viña Mein muestran frescura y mineralidad (habrá que esperar unos años para ver qué se está cociendo, García y Landi ya están trabajando en el viñedo y dirigiendo la viticultura, empezando por eliminar los tratamientos químicos en la viña), y en el caso del barrica, esta se hace poco presente en sabores y sí en textura, mientras que Tega do Sal 2014, lo nuevo de esta bodega de Leiro, un vino de paraje elaborado con treixadura, albariño y loureiro, muestra complejidad, es sabroso, muy fresco, vertical y muy adictivo.No fallan vinos como el Cauto de Marqués de Arviza o el Prado Rey 3Barricas (DO Rueda), procedente de viñas viejas de verdejo, o el Amaren Blanco (Bodegas Amaren, DOC Rioja), el Finca Valiñas de Mar de Frades (DO Rias Baixas) o los blancos de Ca N’Estruc (DO Catalunya), con un magnífico ejemplo de xarel·lo como L’Equilibrista, o los albariños de Terras Gauda (DO Rias Baixas) con un sorprendente La Mar, elaborado con caíño blanco, salino, marino, fresco; tampoco Mar de Frades, Lagar de Cervera, Pazo Baión o La Comtesse de Pazo de Barrantes (DO Rias Baixas), marcas consolidadas las dos primeras y en proceso la tercera, un vino elegante, serio y graso. Y compareció también a la cita Le Domaine, el blanco de Abadía Retuerta (VT Castilla y León), elaborado en su añada 2014 con sauvignon blanc y verdejo, además de otras variedades que se plantaron en la finca por un error del vivero proveedor (pero eso es otra historia). Es elegante, sabroso y con volumen, aunque es un vino de tiempo y le sienta bien el reposo en botella para afinar sus toques de madera.

Entre los manchegos, el chardonnay (con años, mejor) de Blas Muñoz y en Somontano, la perfumadagewürztraminer de Viñas del Vero, para amantes de los vinos aromáticos, y sorprende también Mi Mamá Me Mima y Don Olegario (DO Rias Baixas), de la bodega de este nombre, dos albariños 100%, el primero para principiantes, fresco y fácil, y el segundo más serio.
FUENTE: SOBREMESA.ES

Autor: Raquel Pardo
Miércoles, 24 de junio de 2015

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EL BODEGUERO NAVARRO VISITÓ TENERIFE PARA DIRIGIR UNA EXPERIENCIA EXCLUSIVA.

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Hace tiempo de esta anécdota que les cuento y pensarán que es broma. Cuando escuché por primera vez lo de “cata vertical”, lo que me vino a la mente fue algo así como que las botellas debían estar en esa posición, y no acostadas, o algo por el estilo.

Algo bueno en quien firma este trabajo periodístico, eso creo y defiendo, es que en gastronomía y viticultura -como en todo- consulto el diccionario o pregunto inmediatamente para salir de la duda. “La cata vertical es una sesión donde se prueba el mismo vino -etiqueta, digamos- de la misma bodega, pero de diferentes cosechas o añadas. Es decir, en una sesión se puede probar el mismo vino en cosechas puntuales”, me aclaró un buen amigo y sumiller.

Una definición que aprovecho para poner de realce que el Espacio ICB, que presentó en el reciente Salón GastroCanarias un stand que llamó la atención por su diseño vanguardista e innovador, acogió la experiencia única bajo “la batuta” de Julián Chivite, que en persona presentó las añadas 2000, 2006, 2010 y 2012 de todo un icono entre los blancos, el Colección 125.

Máximo rigor. Si ya por el foro gastronómico habían pasado personalidades del mundo del vino como Xandra Falcó o Javier Moro, la presencia de Julián Chivite constituía otro acontecimiento en este tipo de convocatorias, por cuanto la última cata vertical realizada data de 2013 ante la crítica británica, en la capital londinense, y allí se demostró la capacidad de guarda del chardonnay de la bodega canaria.

Un reconocimiento que también destacó la Guía Peñín en la pasada edición, al otorgar la máxima calificación de un vino blanco a un Colección 125 Blanco 2004. El hecho de que un caldo de diez años de vida lo lograra supone para Julián Chivite “que estamos ante el mejor blanco de España y uno de los mejores del mundo, por su capacidad de guarda y además elegante evolución”.

Partitura vitícola. La organización minuciosa de la delegada en Canarias de la firma, Isabel Díaz, escoltada por el sumiller Hugo Pérez (subcampeón en el reciente Certamen Nacional de Valladolid), hizo del momento “algo así como estar ante los teclados de un piano”, como así describió uno de los catadores, “y con cada añada conformar una bella melodía”.

Al margen de las indicaciones de Julián Chivite sobre la variedad chardonnay, las condiciones de la tierra y entornos de la finca Legardeta, así como la elaboración en “batonage” y tipos de barricas para la crianza (aligerando paulatinamente los antiguos matices más marcados de tostados y madera), la “genealogía” del vino habló por sí sola.

En cada fase (visual, olfativa, gustativa) los invitados pudieron captar increíbles e inusuales matices. Increíbles, desde luego, por la rareza que supone hallarlos en tales añadas.

“De tal palo, tal astilla”. En un ejercicio interactivo se pudieron hasta emparejar pareceres entre catadores, como el que expuso uno de ellos -por ejemplo- que se inclinaba más por la nariz del 2006 y la boca del 2002. Lo importante es que las añadas 2012 y 2010 ya auguraban que iban a ser dignos representantes de sus antecesores cuando alcanzaran su edad y dentro de la familia de un vino que ha sido equiparado a los grandes blancos del mundo.

Es la tercera vez en la historia de la Bodega, y primera en España, que se realizaba una cata vertical pública de estas características. Todo un lujo, ya que se pudo constatar la evolución y, además, en presencia del bodeguero navarro, gracias al esfuerzo y coordinación de ICB, con Ezequiel Pérez al frente del equipo, y la mencionada Isabel Díaz.

FUENTE: EL DIA.es. Sta. Cruz de Tenerife. 24 de mayo de 2015

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  • La Asociación Umami organizó en Colindres una cata en la que participaron siete de los principales elaboradores.

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Ignacio Abajo, Coral Saiz, Carlos Recio, Benito Altuna, Fernando Renovales, Asier Alonso y Manuel Torio, todos ellos viticultores, en el momento de ser presentados por Ángel Luis Gómez Calle, de la Asociación de Catadores Umami. 

La vendimia del otoño de 2014 fue buena en líneas generales a juicio de los viticultores que se acogen al sello de calidad de Vino de la Tierra Costa de Cantabria y, tras el proceso de elaboración en la bodega, las primeras catas realizadas por expertos proyectan optimismo. A falta de que el vino llegue a su momento óptimo en las próximas semanas o meses, e incluso el año próximo en algunos casos, existe una coincidencia casi unánime de que el 2014 puede ser un año de relanzamiento para los vinos blancos de Cantabria, a lo que también contribuyen que las cepas van ganando con el tiempo y la mayor experiencia de este grupo de apasionados por el vino que están abriendo un camino sin tener referencia de antepasados o predecesores.

El pasado martes, la Asociación de Catadores Umami de Laredo consiguió reunir un año más a los principales viticultores de Cantabria, que presentaron sus vinos de 2014 en aunténtica primicia en una cata que tuvo lugar en la cafetería Gurugú de Colindres. Siete fueron las bodegas que aceptaron la invitación y que mostraron y explicaron las características de sus caldos. Otras tres bodegas, por circunstancias diversas, no pudieron asistir, lo cual no resta un ápice de representatividad a un acto sencillo pero muy ilustrativo, que también sirvió para reivindicar la calidad y la apuesta de futuro de los blancos de Cantabria. Aunque con producciones limitadas, sus responsables evidenciaron en sus intervenciones ganas y entusiasmo de elaborar un buen vino para que sea valorado y respetado, en primer lugar, en la propia Cantabria, como ocurre en otras regiones de España con sus caldos.

Tras la presentación inicial, cada viticultor explicó su vino y el proceso de elaboración, coincidiendo la mayoría en las buenas condiciones en las que se vendimió y en lo propicio que fue el tiempo en la fase fundamental de maduración de la uva.

Lancina. Ignacio Abajo. Bárcena de Cicero 3,5 has. 12.000 botellas

En este caso se presentaron dos vinos, un Godello y un Riesling, con los que luego se realiza un coupage. El primero, con un color amarillo pajizo y frutal en nariz, presenta a juicio de su elaborador muy buena acidez, es redondo y equilibrado. Tiene 12,2º y en boca es largo. El segundo es más amarillo pálido, muy aromático, con fruta más tropical y melosa, buena acidez en boca y muy equilibrado. Ignacio, que no ocultó estar «muy orgulloso» con los resultados obtenidos, dejó como epílogo un objetivo: «Mi objetivo es que el consumidor me considere un productor fiable».

Casona Micaela. Carlos Recio (Valle de Villaverde) 7,5 has. 50.000 botellas

Tras destacar que 2014 «fue un año excepcional» por el buen tiempo, lo que permitió completar un ciclo de vendimia muy satisfactorio, el responsable de esta bodega presentó su vino, 75% Albariño y 25% Riesling, al que considera muy diferente a los albariños que se elaboran en Galicia. Ya en la fase de cata, el Casona Micaela 2014 fue descritó por Recio como un vino con un buen brillo, amarillo pajizo con tonos versoso, complejo en nariz, muy limpio, con mucha fruta de hueso, manzana verde, tropical (piña) y flores. En boca, acidez muy redondeada, típica de los vinos del norte, que no molesta y que invita a tomar otro trago. A su juicio, más que un defecto, es una virtud.

Finalmente, destacó que este año, aunque se bodega es muy técnica, no han sido necesarios los recursos porque la materia prima ha sido muy buena.

Bodegas Nates. Benito Altuna (Junta de Voto). 3,5 has. 8.000-9.000 botellas

El responsable de estos viñedos calificó su producción de 2014 como de muy buena calidad, fruto de un coupage del 95% Albariño y 5% Godello. «El vino está bien», comentó un satisfecho Benito Altuna, «porque el vino que me gusta es el que te invita a seguir tomando». Destacó la regularidad de su bodega y lamentó la falta de cultura del vino de la tierra. «Cuesta bastante comercializarlo aquí por lo que es imprescindible vender fuera para dar salida a la producción». Finalmente, señaló que su vino no es solo para tomarlo en el año, sino que «también el año próximo estará bueno».

Sel d’Aiz. Asier Alonso (Castillo Pedroso). 5 has. 5.000-6.000 botellas

A unos 500 m de altitud, Asier tiene plantadas cepas de Albariño, Riesling y Godelo, con las que elabora diferentes vinos, como un monovarietal de Riesling, un coupage Albariño-Godello y el Yenda Spicata, con uva seleccionada de Albariño y Godello. Se trata de vinos jóvenes (tercera elaboración) y con los que su autor trata de que expresen la zona donde crecen las cepas, en un contexto en que reciben la mineralidad y la salinidad de la zona caliza a apenas cinco centímetros de profundidad.

Asier presentó el monovarietal Riesling, la uva que mejor se adapta a la zona, que en nariz es cítrico (mandarina, pomelo, naranja…), muy sutil, flores blancas, y que respecto al de años anteriores ha dado un salto cualitativo en aromas. En boca, a juicio de Asier, presenta cierta acidez -un rasgo positivo-, frescor… y se nota las citadas salinidad y mineralidad.

Se trata de un vino que su autor cree que evolucionará el botella y que estará incluso mejor el año próximo.

También adelantó que el Spicata este año no es tan explosivo pero que es más complejo en boca, y que tanto el Albariño como el Godello van evolucionando positivamente.

A modo de conclusión, se mostró «satisfecho, pero hay mucho trabajo que hacer y mucho que aprender».

Behetría de Cieza. Manuel Torío (Cieza).2 has. 10.500 botellas

El responsable de esta pequeña bodega, con solo dos de sus cuatro hectáreas en producción por el momento, apeló de entrada por la mejoría de los vinos de Cantabria y apostó por hacer «un producto de calidad, nunca de cantidad». Describió su viñedo ubicado en el valle de Cieza donde solamente tiene plantadas cepas de Albariño, decisión de la que no se arrepiente.

De la vendimia y el proceso de maduración de la uva mostró su satisfacción por «lo que ayudó el tiempo», lo que les permitió estar en buenos niveles de acidez. La elaboración aquí es de «la forma más natural posible, fermentando con levadura natural».

Sobre el vino, lo definió como «bastante complejo», ya que se elabora con lías y remontadas cada 15 días. En boca, resulta agradable sin esconder la complejidad, aunque Torío subrayó que «el vino aún no está en plenas facultades. Estará mejor dentro de dos meses». Incluso apuntó que puede ser un vino «de guarda», porque dos años aguanta bien y se suaviza bastante al paladar.

Este año también están preparando un vino elaborado en barrica de roble francés con un tostado muy suave, pero que aún no se ha embotellado. En botella deberá estar seis meses y Torío anunció a los asistentes de la cata que «el año que viene os lo presentaré aquí en primicia».

Señorío del Pas. Coral Saiz y Antonio Caballero (San Martín de Villafufre). 4 has. 2.000 botellas

Con un 85% de Godello y un 15% de Gewürztraminer, en esta marca se realiza todo el proceso bajo los parámetros exigente de agricultura biodinámica, tanto en el campo como en la bodega, lo que significa que el vino no reciba ningún aditino, e incluso que no se filtre: «Es un vino sin trampa ni cartón», afirman sus autores. Con una graduación de 12,8, Coral y Antonio definen su vino de 2014 con un color amarillo pajizo con tonalidades rosáceas; en nariz, con aromas de flores y frutas blancas; y en boca, con un punto de acidez, toques minerales y de fruta golosa. En 2013 no vinificaron porque la calidad de la uva no fue la adecuada, a su juicio.

Tejea Verde. Fernando Renovales (Valle de Villaverde). 2 has. 5.000-6.000 botellas

Fernando fue el más veterano de los viticultores que participaron en la cata de vinos de Cantabria 2014. Y por ello está legitimado para poder mostrar su satisfacción de haber sido un pionero en la recuperación de los vinos blancos de Cantabria. Recordó como hace 33 años los vizcaínos «me convencieron para poner unas cepas. Me enseñaron y la experiencia salió bastante bien».

En su caso tiene plantado Hondarribi Zuri (sobre el 80%), Riesling (sobre un 20%) y algo de Folle Blanche y Petit Manseng. Empezó con el chacolí, pero a través de los planes Proder le animaron a recuperar el vino blanco de Cantabria y así se fortaleció su trayectoria como productor de referencia.

En su caso, no profundizó en las características de su vino, habitualmente definido como fresco y agradable, pero Fernado Renovales no ocultó su alegría por el trabajo que están desarrollando sus «compañeros de viaje», que cada vez son más en número y que a su juicio lo están haciendo muy bien. Cuantificó el número de bodegas en Cantabria en 16 -algunas aún no están en producción a la espera de que sus viñas crezcan-, una cifra muy lejana a las que había en el siglo XIX, más de 180, pero que desaparecieron en su totalidad, algo que impide a los elaboradores actuales tener referencias, bibliografía, experiencias para poder corregir o contrastar.

 

FUENTE: El Diario  Montañés.es. 23 de mayo de 2015. José Luis Pérez

http://www.eldiariomontanes.es/planes/201505/23/anada-2014-vinos-blancos-20150523001025-v.html

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Aveleda-estate-Main-Residence-2Quinta de Aveleda, en Penafiel. Portugal

Portugal ha caminado hacia la modernidad tras décadas de oscuridad. Sin demasiado ruido, la Región de los Vinhos Verdes ha vivido su particular revolución enológica y es ahora cuando se muestra al mundo en todo su esplendor.

Hace unos años los lectores de Sobremesa fueron testigos de excepción de una iniciativa pionera: un enfrentamiento entre las dos orillas del Miño mediante una cata a ciegas de Albariños españoles de Rías Baixas y Alvarinhos de la Región de los Vinhos Verdes. Se trataba, a priori, de un duelo ibérico claramente descompensado. Pero una selección formada por expertos de ambos países dictó sentencia y, contra todo pronóstico, los vinos portugueses coparon los primeros puestos. ¿Qué había ocurrido? Simplemente que los nuevos vinhos verdes ya estaban ahí desde hacía tiempo y solo había que descubrirlos.

 Un nuevo comienzo

quinta-da-aveleda-lvHasta hace algunos años, estos vinos estaban considerados como una especie de souvenir gastronómico del norte de Portugal, perfectos para acompañar a cualquiera de las recetas de bacalao –dicen que hay 365, una para cada día del año- que se elaboran en el país. El cultivo primitivo en minifundios y la prohibición de plantar grandes viñedos en la zona impuesta por el gobierno de Salazar había desterrado al vinho verde al consumo regional y casero. Hace dos décadas y libre ya de restricciones, la Comissão de Viticultura da Região dos Vinhos Verdes (CVRVV)puso los puntos sobre las íes e instó a las bodegas de la zona a centrar su producción en los blancos, mucho más comerciales y fáciles de exportar. Los productores aceptaron el reto y las correspondientes subvenciones, pero una transformación de tal magnitud necesitaba de algo más que un simple cambio de mentalidad empresarial y una inyección económica. Afortunadamente, el cambio de milenio trajo consigo una nueva generación de enólogos con amplitud de miras dispuestos a encabezar una de las mayores reconversiones vinícolas de la historia de Portugal.

 Tiempos modernos
 Las variedades utilizadas para elaborar vinho verde continúan siendo autóctonas, pero estos nuevos enólogos –algunos procedentes de Galicia- han llevado a cabo una criba considerable y se han centrado solo en aquellas a las que les pueden sacar mejor partido: Avesso, Arinto, Alvarinho, Trajadura y Loureiro. En el viñedo –el mayor de Portugal con más de 34.000 hectáreas-, el caos selvático de antaño ha sido sustituido por el cultivo en espalderas con el fin de hacer prevalecer la calidad frente a la cantidad. El antiguo enforcado, un sistema mediante el que las cepas descansan en lo alto de árboles a tres o cuatro metros de altura y exige vendimiar en escalera, ha sido relegado definitivamente y se ha convertido en una rareza difícil de encontrar. Lo mismo ocurre con el ramado, solo empleado ya para elaborar vino en fincas particulares. En las grandes quintas, su presencia es meramente ornamental.
 La innovación y las nuevas modas están presentes también en algunas bodegas de la zona. El profesor de enología Rogerio de Castro ha implantado en el viñedo de su Quinta de Lourosa el sistema de conducción en Lys, que permite, según su hija Juana, “una mayor productividad y una vendimia manual más rápida”, y Solar del Merufe ha elegido la biodinámica como forma de cultivo. Los resultados son desiguales, pero el salto de calidad es indiscutible. En general, la agresividad clásica del vinho verde ha dado paso a cierta elegancia sin perder un ápice de frescura.
Entre ríos

[Img #6378]Cualquiera que se adentre en la Región de los Vinhos Verdes desde Galicia no encontrará, a priori, grandes diferencias entre ambos paisajes. El Minho, al norte; el majestuoso Douro, al sur; el océano Atlántico, al oeste; y varios sistemas montañosos al este acotan la región como si de un inmenso anfiteatro se tratara. Su escenario, pintado de verde por cientos de bosques de pino y eucalipto, tierras de pasto y cultivos, es una sucesión de frondosos valles fluviales en los que la vegetación se muestra especialmente exuberante. Los ríos Este, Cávado, Lima y Támega no cesan de dar riqueza a una tierra que parece tener vida propia. En sus pueblos y aldeas, donde no parece pasar el tiempo, reina la tranquilidad y el sosiego. Pero, sin duda, lo que marca la diferencia entre el paisaje gallego y portugués es el viñedo, integrado entre casas, bosques y montañas como en ningún otro lugar de la Península Ibérica. Toda la región está salpicada de viñas y cada campo de cultivo, por pequeño que sea, está rodeado de su particular ramado. Las parras de Alvarinho, Loureiro y Trajadura mantienen la esencia de un vino cuya presencia es imprescindible en cualquier hogar del norte de Portugal y del que, por fin, podemos disfrutar sin complejos en cualquier parte del mundo.

FUENTE: SOOBREMESA.es

Autor: Alex Calvo. Imagen:Antonio de Benito
 25 de febrero de 2015

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Clovis Taittinger, heredero de una marca francesa de champagne.

“Producimos seis millones de botellas al año que se venden en más de 150 países”

Clovis Taittinger es director de exportación de la empresa familiar de champagne que lleva su apellido y que fue fundada por su bisabuelo en el siglo XIX. El pasado fin de semana visitó la Isla para formalizar un acuerdo de colaboración con el exclusivo hotel Bahía del Duque, de Adeje, y promocionar su marca ante la prensa especializada de las Islas y de los principales medios nacionales. La gran marca francesa posee 288 hectáreas de viñedos, lo que lo convierte en uno de los más extensos en la región de Champaña, donde cultivan uvas Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay. Estas últimas son las más emblemáticas de los espumosos de la casa y las que le aportan su característica frescura y suavidad.

El programa gastronómico preparado por el director del Bahía del Duque, Santiago Cabré, y su equipo incluyó una cata de espumosos dirigida por Clovis Taittinger de tres variedades de la firma: el Brut Reserva, elaborado por 35 cosechas de diferentes años de Chardonnay y Pinot Noir, y madurado cuatro años en bodega; el Brut Millésime de 2006, hecho a partir de una sola cosecha de calidad excepcional de Grands Crus de Chardonnay y Pinot Noir; y el Comtes de Champagne Blanc de Blancs 2004, monovarietal de Chardonnay envejecido en barricas de roble, que es una de las joyas de la marca. El broche culinario lo puso el chef Braulio Simancas con una cena en el restaurante Las Aguas.

En 2005, su familia vendió el gigantesco conglomerado de hoteles y productos de lujo que poseía, además de la bodega, para repartir su patrimonio entre todos los herederos ¿por qué su padre decidió invertir su parte de la fortuna para recuperar la bodega en 2006?
Nuestra intención era preservar nuestra tradición familiar. No se trataba de una cuestión de ego sino de salvar la historia y el trabajo realizado durante cuatro generaciones de Taittinger. Mi bisabuelo compró los viñedos y el hermano de mi abuelo creó la marca. También pensó en nuestros trabajadores, en la red de distribuidores que tenemos y en los clientes que tiene nuestra marca repartidos por el mundo.

¿En qué se diferencia Taittinger de otro champagne?.-  Hay muchos factores distintivos. El primero es que es somos una empresa familiar de champagne que sigue siendo gestionada por los descendientes de sus creadores. Es una empresa familiar lleva nuestro nombre. Eso significa para nosotros un deber de excelencia y de calidad con todos los clientes y socios. Implica nuestra garantía personal. Para mí, mantener nuestra credibilidad es fundamental. Además, Taittinger es un champagne de un estilo especial, muy femenino y muy ligero. Tiene todo el estilo de Chardonnay que ha hecho nuestra marca famosa en el mundo. La constancia es otra de nuestra virtudes. Uno puede beber una copa en de Taittinger en Tenerife, en Nueva York o en Buenos Aires y siempre encontrará el mismo placer. Otro punto que nos caracteriza es el alma artesanal que mantenemos. Tenemos el segundo viñedo más grande de la zona de Champagne y preservamos una cultura, un savoire faire (saber hacer) y esto es muy importante dentro del mundo industrializado en el que vivimos.

¿Qué ventaja les brinda tener viñedos propios tan extensos?.- Para nosotros es clave. Es lo que nos permite mantener la calidad.

¿El cambio climático los está afectando?.-  Sí, pero creo que todavía no hemos llegado a entender las implicaciones profundas de este cambio. Todo el tiempo nos encontramos con nuevas condiciones a las que debemos adaptarnos.

¿Es España un mercado importante para la empresa?.- Sí, porque los españoles consumen mucho champagne y el sector no deja de crecer. Además, España representa una ventana para el mundo de habla hispana y creemos que nuestra marca debe hablar español . Nos interesa ser muy fuertes en este país.

¿En cuántos países se vende Taittinger?.-  En la actualidad estamos en más de 150 países.

¿Y qué volumen de producción tienen para abastecer ese mercado mundial?.-  Producimos alrededor de seis millones de botellas al año.

¿Cómo es su labor como un bodeguero que trabaja a nivel mundial como usted?.- No puedo decir nada malo sobre mi trabajo y menos en estos momentos en los que hay mucha gente sin empleo. Pero debo reconocerle que es una labor complicada porque viajo durante todo el año. La distribución a la escala a la que debemos hacerla nosotros es compleja y la competencia es fuerte. Además, hay muchos otros asuntos de los que tengo que estar pendiente en la hacienda.

¿Cuáles son sus objetivos para este año?.- Espero que sea mejor que 2014, que fortalezcamos nuestra posición actual y que podamos resolver algunos problemas de distribución.

¿Cuál es el secreto para servir una copa perfecta de champagne?.- Hacerlo con corazón y con estilo. Cuando bebemos champagne bebemos amor y felicidad.

FUENTE: Laura Docampo 13.02.2015 – La Opinión de Tenerife.com

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Ya decía Francisco de Quevedo que para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina. No hay duda, sin embargo, de que más allá de sus efectos positivos para la salud siendo consumido con moderación, el chispeante y versátil cava es una bebida espumosa de calidad de segunda fermentación en botella imprescindible en la Navidad y Año Nuevo. En España no hay Nochevieja o fiestas navideñas sin una botella de cava. La recta final del año, la campaña de Navidad, se convierte en decisiva para muchas bodegas, especialmente para las elaboradoras de cava. Es por ello que buena parte de las novedades irrumpen en el mercado durante los últimos meses del año. Un 66% de las ventas de cava se realiza durante el segundo semestre del año, manteniendo gran incidencia la campaña navideña, según datos del Consejo Regulador del Cava (CRC). Los cavas Brut son los más consumidos, un 51% del total, mientras que los rosados han conseguido triplicar sus ventas en la última década. También está presente, por supuesto, en las grandes celebraciones y fiestas. Y es que, según el CRC, “la sola presencia de una botella de cava en la mesa evoca una celebración y predispone el espíritu a la alegría”.

El cava bien hubiera podido inspirar una de las frases célebres del florentino poeta Dante Alighieri si en su época, a caballo de los siglos XIII y XIV, hubiera podido degustar el estrellado vino que tiene su cuna y capital en Sant Sadurní d’Anoia: “El vino siembra poesía en los corazones”. El cava, sin duda, lo siembra con excelencia. De hecho, desde el CRC están absolutamente convencidos de que “el cava es el vino de todos los momentos en que uno debe desprenderse de preocupaciones para disfrutar de la vida”. Se añade que “este vino mágico y dorado se degusta y se comparte de forma intensa e inolvidable”.

El sector del cava, sin embargo, está consiguiendo poco a poco desestacionalizar su consumo llegando más allá de los brindis y del chinchín de las copas. Y es que “hay un cava para todo”, como recuerda el presidente del Consejo Regulador del Cava, Pedro Bonet Ferrer. De hecho, según un proverbio italiano, existen cinco buenas razones para beber vino: “La llegada de un huésped, la sed presente y venidera, el buen sabor del vino y no importa qué otra razón”. Su amplia gama y su versatilidad gastronómica son dos de las grandes bazas del cava. El propio presidente del Consejo Regulador no tiene dudas de que “ningún otro vino en el mundo como el cava, ni siquiera el champán, ofrece al consumidor tanta riqueza de productos diferentes y con tal versatilidad para armonizarse con las mejores cocinas del planeta”. Desde el CRC se afirma que “la versatilidad del cava permite una buena asociación con platos de difícil combinación”. Se añade que “la riqueza de aromas de las distintas clases de cavas blancos y rosados permite que siempre exista un cava ideal para cualquier plato”. De hecho, también se apunta que el cava “es el vino que acompaña todos los platos de una comida, ya sea sencilla o de fiesta. Del marisco a los postres, pasando por los tradicionales asados, siempre hay un tipo de cava adecuado para acompañarlos”.

Las armonías del cava

Un cava Brut, a la temperatura adecuada, es ideal para acompañar cualquier aperitivo, bien sean unos canapés, unas ostras, un jamón, quesos o frutos secos. Para el marisco, el pescado, los arroces y en general los entrantes, se  propone un Brut o Brut Reserva, afrutado, con un punto de acidez estimulante y fresco. Las carnes, los asados, la volatería y en general las viandas condimentadas y de preparación laboriosa reclaman un cava Brut Nature Gran Reserva, con más cuerpo y amplitud para acompañar estos platos más consistentes, sin perder su personalidad. Para la repostería nos decantaremos por un cava Semiseco o Dulce, de cierta edad, complemento ideal de los postres por unir suavidad y frescor. Desde el Consejo también se apunta que cualquier fruta armoniza, perfectamente, con un cava, bien sea blanco o rosado.

La importancia del servicio

Degustar el cava a la temperatura apropiada “es uno de los pequeños secretos para disfrutarlo plenamente”. El cava debe servirse entre los 5º y los 8º, siendo los jóvenes y ligeros los que se servirán más fríos. Debería enfriarse durante unas horas en el frigorífico o bien durante unos 30 minutos en un recipiente con agua y hielo. Debería evitarse el congelador, ya que un violento cambio de temperatura podría perjudicar sus delicadas virtudes.

La calidad de la copa, de fino y transparente cristal, tiene una importancia muy destacada. El cava es un vino delicado que debe descorcharse con suavidad, evitando una pérdida de vino y espuma. Para servirlo, debemos mantener la botella ligeramente inclinada dejando resbalar lentamente el líquido por la pared de la copa, que nunca llenaremos más de dos a tres tercios de su capacidad con el fin de evitar que el vino pierda su temperatura óptima.

Elevar el listón de la calidad y del prestigio

El sector del cava, en la élite planetaria de los vinos espumosos de mayor prestigio y el que ofrece una relación de calidad al precio más competitivo, se ha conjurado para elevar el listón de la calidad y del prestigio persiguiendo con determinación cosechar mayores cotas de excelencia y de valor añadido. Pere Bonet afirma que “debemos buscar prestigio, mayor valor añadido y la unidad del sector”. También añade que el gran objetivo es “prestigiar aún más el cava, un producto excelente y con grandes atributos que se merece un futuro brillante”. Añade que con el cava “estamos jugando en la máxima categoría mundial, y no debemos olvidar que es un producto excelente, plural, con una calidad extraordinaria y que en el sector hay mucho talento”. Recuerda que el cava es una “fuente de trabajo extraordinaria, una fuente de economía creativa, limpia, calificada y sostenible, y que es una industria útil para el territorio”. También destaca el “gran talento” de viticultores y enólogos, y la aportación del enoturismo y sus posibilidades. De hecho, ha propuesto crear una comisión de estrategia que estudie hacia dónde debe encaminarse el cava en la próxima década, apostar por el marketing y la promoción conjunta y reforzar “una vitivinicultura puntera” para ahondar en la búsqueda de mayores calidades.

En la carrera por elevar el listón de la calidad con cavas de alta gama y longevas crianzas, de incluso más de 10 años, no dejan de irrumpir en el mercado nuevos productos que están conquistando las mesas de los mejores restaurantes del planeta. Muchos de ellos son cada día más un ideal objeto de regalo navideño.

Buena marcha del cava en 2014

El sector del cava consiguió cerrar los seis primeros meses del año igualando los 64 millones de botellas vendidas en los mercados internacionales en el mismo periodo de 2013, y espera cerrar el año con unes exportaciones similares a las de 2013, unos 160 millones de botellas. También se espera cerrar 2014 con unas cifras globales parecidas a las del año pasado: 241,3 millones de botellas y una facturación de 970 millones de euros.

El Consejo Regulador del Cava también confía en que se frene la caída de ventas en el mercado nacional tras conocerse los últimos datos de la consultora Nielsen, de los seis primeros meses del año, respecto a las ventas en el canal de hostelería y restauración del mercado interno, que se han incrementado un 3% respecto al mismo período de 2013. Según los datos del último informe Market Trends de Nielsen, los vinos espumosos en general son la segunda bebida que más crece en el primer semestre de 2014 en libreservicio del mercado español, siendo el crecimiento del 4,4%, solo superado por el de las cervezas, que crecen un 5,3%. En el mismo período, los vinos tranquilos caen un 1%. El repunte del consumo del cava en restaurantes y hoteles españoles hace ser especialmente optimista al presidente del Consejo Regulador del Cava, Pere Bonet, sobre la recuperación del mercado interno, puesto que durante los últimos años, a causa de la crisis, buena parte del consumo se había trasladado a los hogares. De hecho, el año pasado se consumieron 81,4 millones de botellas de cava en el mercado español, un 0,47% menos que en 2012 y el 33,74% del total de la producción.

Pese a las turbulencias económicas, el sector del cava mantiene una marcha apostando por la innovación, el desarrollo sostenible y la calidad, factores que  considera “imprescindibles” para elaborar un buen cava. Tras calificarse como “excelente” la añada de 2013, este año se han vendimiado en torno a 315 millones de kilos de uva. El sector ocupa a 6.365 viticultores, que trabajan las 32.913 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid para cava. En su conjunto, el sector cuenta con 11.000 puestos de trabajo directos y con más de 2.000 temporeros que se contratan para la vendimia y la poda.

Los cavas calificados

Entre los retos inmediatos que se ha marcado el Consejo Regulador del Cava, destaca la firme voluntad de conseguir la categoría de Cava “de paraje” Calificado, una nueva herramienta con la que distinguir las mayores excelencias del cava, con estrictos requisitos y exigencias. La nueva reglamentación se desarrolla en el marco del Proyecto de Ley de Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas de ámbito supraautonómico, en el que se incluye la DO Cava. Se trata, según el presidente del Consejo Regulador del Cava, de “hacer justicia y poner al cava en el lugar que se merece, ya que tenemos productos que son, realmente, fantásticos”. Se muestra convencido de que la nueva categoría de los cavas Calificados servirá de “estímulo” para elevar, aún más, el conjunto de las excelsas burbujas del cava. Desde el Consejo Regulador del Cava se sigue abogando por los controles estrictos. Según el CRC, el rigor en el control asegura una calidad que queda refrendada en los distintivos que incorporan todas y cada una de las botellas, como “única garantía para el consumidor”.

FURNTE: Texto: Ramon Francàs      – MI VINO Diciembre 2014

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