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Archive for the ‘Blancos’ Category

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Hasta no hace mucho era difícil que un salón dedicado al vino blanco reuniera comparecencias suficientes para llevar ese título, pero hoy día, los blancos de distintos puntos del país demuestran que hay futuro.

El pasado lunes Madrid se llenó de vino blanco en una tercera convocatoria del Salón de Grandes Blancos de España, una cita para aficionados y profesionales donde ya a últimas horas de la tarde se aglomeran los catadores para descubrir rarezas, novedades o apreciar la evolución de una florida muestra de vinos de este tipo.

 Este año, como los anteriores, el salón convocó a representantes de las principales zonas productoras de vino blanco del país, como Galicia, País Vasco, Cataluña o Rueda, junto a zonas menos sonadas por su producción, como Somontano, La Mancha o Rioja que, cada vez más, muestran que sí, se puede dar en el blanco y acertar.
Novedades y más
 Del salón lo más atractivo son las novedades y las nuevas añadas de los clásicos. Entre las primeras, dos recién nacidos, el albariño El Secreto de Candela, de Bolboreta Wines, que se estrena en el mercado con un 2014 divertido, bebible, con un interesante punto salino; nuevo en el salón es también elBailarina Malvar 2014, una buena muestra de que se puede elaborar un vino alegre y fresco con una variedad menor como la malvar. En esta línea, aunque no son nuevos, destaca La Malvar de MQV 2014, también de esta variedad, convertida en un vino con cuerpo, aromático y muy fresco, y el cada vez mejor Ercavio, ahora elaborado totalmente con airén, una uva manchega con la que habitualmente se hacen destilados pero que, en manos del equipo de Más que vinos, se convierte en un blanco aromático, seductor, sabroso y muy bebible. Otra de las novedades es el Remírez de Ganuza Blanco, la apuesta por los blancos de guarda de Fernando Remírez de Ganuza, una vez desaparecido el estupendo Erre Punto Blanco. Estaban presentes las novedades de Javier Sanz Viticultor, con el Verdejo Malcorta, un vino rompedor y distinto que da pinceladas de color a Rueda, y los elegantes José Pariente Cuvée,elaborado completamente en huevos de hormigón, seductor, elegante, fino, que muestran que la región vallisoletana tiene mucho que decir aún, junto a los blancos de Marqués de Riscal, con Finca Montico a la cabeza, cada vez mejor acompañado por un fresco y seductor verdejo y el intenso Limousin, pulido, elegante.
Sin salir de la región pero sin tocar la Denominación de Origen, los vinos de Ossian no faltaron a la cita, desde el estupendo Quintaluna hasta Capitel, un auténtico gran vino de verdejo, junto a Ossian, que fue una revelación y se sigue manteniendo como una referencia imprescindible, y los más rebeldesVerdling Trocken, con toque alemán en la elaboración pero verdejos auténticos.
También es notable el buen trabajo de Garikoitz Rios y sus Itsasmendi, siempre solventes, con el magnífico y expresivo Artizar 2012, un ejemplo de lo mejor que se está haciendo en Txacoli, aunque afortunadamente, no lo único. Y de Valdeorras, dos bodegas ejemplares, As Sortes, cuyo vino del mismo nombre se consolida entre los grandes blancos con mayúsculas, y Guitián, vinos para dar satisfacción que no renuncian a la complejidad y la autenticidad de una de las blancas de moda, la godello.
Cambio en Viña Mein
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Javier Alén, propietario de Viña Mein
De Galicia también destaca el cambio de rumbo de Viña Mein, renovada gracias a la asesoría desde la añada 2014 de Comando G, Dani Landi y Fernando García, conocidos por sus brillantes elaboraciones en Gredos. “Renovarse o morir” comenta el propietario, Javier Alén, cuando se le pregunta por la incorporación de Comando G. Las añadas “G” de Viña Mein muestran frescura y mineralidad (habrá que esperar unos años para ver qué se está cociendo, García y Landi ya están trabajando en el viñedo y dirigiendo la viticultura, empezando por eliminar los tratamientos químicos en la viña), y en el caso del barrica, esta se hace poco presente en sabores y sí en textura, mientras que Tega do Sal 2014, lo nuevo de esta bodega de Leiro, un vino de paraje elaborado con treixadura, albariño y loureiro, muestra complejidad, es sabroso, muy fresco, vertical y muy adictivo.No fallan vinos como el Cauto de Marqués de Arviza o el Prado Rey 3Barricas (DO Rueda), procedente de viñas viejas de verdejo, o el Amaren Blanco (Bodegas Amaren, DOC Rioja), el Finca Valiñas de Mar de Frades (DO Rias Baixas) o los blancos de Ca N’Estruc (DO Catalunya), con un magnífico ejemplo de xarel·lo como L’Equilibrista, o los albariños de Terras Gauda (DO Rias Baixas) con un sorprendente La Mar, elaborado con caíño blanco, salino, marino, fresco; tampoco Mar de Frades, Lagar de Cervera, Pazo Baión o La Comtesse de Pazo de Barrantes (DO Rias Baixas), marcas consolidadas las dos primeras y en proceso la tercera, un vino elegante, serio y graso. Y compareció también a la cita Le Domaine, el blanco de Abadía Retuerta (VT Castilla y León), elaborado en su añada 2014 con sauvignon blanc y verdejo, además de otras variedades que se plantaron en la finca por un error del vivero proveedor (pero eso es otra historia). Es elegante, sabroso y con volumen, aunque es un vino de tiempo y le sienta bien el reposo en botella para afinar sus toques de madera.

Entre los manchegos, el chardonnay (con años, mejor) de Blas Muñoz y en Somontano, la perfumadagewürztraminer de Viñas del Vero, para amantes de los vinos aromáticos, y sorprende también Mi Mamá Me Mima y Don Olegario (DO Rias Baixas), de la bodega de este nombre, dos albariños 100%, el primero para principiantes, fresco y fácil, y el segundo más serio.
FUENTE: SOBREMESA.ES

Autor: Raquel Pardo
Miércoles, 24 de junio de 2015
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EL BODEGUERO NAVARRO VISITÓ TENERIFE PARA DIRIGIR UNA EXPERIENCIA EXCLUSIVA.

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Hace tiempo de esta anécdota que les cuento y pensarán que es broma. Cuando escuché por primera vez lo de “cata vertical”, lo que me vino a la mente fue algo así como que las botellas debían estar en esa posición, y no acostadas, o algo por el estilo.

Algo bueno en quien firma este trabajo periodístico, eso creo y defiendo, es que en gastronomía y viticultura -como en todo- consulto el diccionario o pregunto inmediatamente para salir de la duda. “La cata vertical es una sesión donde se prueba el mismo vino -etiqueta, digamos- de la misma bodega, pero de diferentes cosechas o añadas. Es decir, en una sesión se puede probar el mismo vino en cosechas puntuales”, me aclaró un buen amigo y sumiller.

Una definición que aprovecho para poner de realce que el Espacio ICB, que presentó en el reciente Salón GastroCanarias un stand que llamó la atención por su diseño vanguardista e innovador, acogió la experiencia única bajo “la batuta” de Julián Chivite, que en persona presentó las añadas 2000, 2006, 2010 y 2012 de todo un icono entre los blancos, el Colección 125.

Máximo rigor. Si ya por el foro gastronómico habían pasado personalidades del mundo del vino como Xandra Falcó o Javier Moro, la presencia de Julián Chivite constituía otro acontecimiento en este tipo de convocatorias, por cuanto la última cata vertical realizada data de 2013 ante la crítica británica, en la capital londinense, y allí se demostró la capacidad de guarda del chardonnay de la bodega canaria.

Un reconocimiento que también destacó la Guía Peñín en la pasada edición, al otorgar la máxima calificación de un vino blanco a un Colección 125 Blanco 2004. El hecho de que un caldo de diez años de vida lo lograra supone para Julián Chivite “que estamos ante el mejor blanco de España y uno de los mejores del mundo, por su capacidad de guarda y además elegante evolución”.

Partitura vitícola. La organización minuciosa de la delegada en Canarias de la firma, Isabel Díaz, escoltada por el sumiller Hugo Pérez (subcampeón en el reciente Certamen Nacional de Valladolid), hizo del momento “algo así como estar ante los teclados de un piano”, como así describió uno de los catadores, “y con cada añada conformar una bella melodía”.

Al margen de las indicaciones de Julián Chivite sobre la variedad chardonnay, las condiciones de la tierra y entornos de la finca Legardeta, así como la elaboración en “batonage” y tipos de barricas para la crianza (aligerando paulatinamente los antiguos matices más marcados de tostados y madera), la “genealogía” del vino habló por sí sola.

En cada fase (visual, olfativa, gustativa) los invitados pudieron captar increíbles e inusuales matices. Increíbles, desde luego, por la rareza que supone hallarlos en tales añadas.

“De tal palo, tal astilla”. En un ejercicio interactivo se pudieron hasta emparejar pareceres entre catadores, como el que expuso uno de ellos -por ejemplo- que se inclinaba más por la nariz del 2006 y la boca del 2002. Lo importante es que las añadas 2012 y 2010 ya auguraban que iban a ser dignos representantes de sus antecesores cuando alcanzaran su edad y dentro de la familia de un vino que ha sido equiparado a los grandes blancos del mundo.

Es la tercera vez en la historia de la Bodega, y primera en España, que se realizaba una cata vertical pública de estas características. Todo un lujo, ya que se pudo constatar la evolución y, además, en presencia del bodeguero navarro, gracias al esfuerzo y coordinación de ICB, con Ezequiel Pérez al frente del equipo, y la mencionada Isabel Díaz.

FUENTE: EL DIA.es. Sta. Cruz de Tenerife. 24 de mayo de 2015

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  • La Asociación Umami organizó en Colindres una cata en la que participaron siete de los principales elaboradores.

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Ignacio Abajo, Coral Saiz, Carlos Recio, Benito Altuna, Fernando Renovales, Asier Alonso y Manuel Torio, todos ellos viticultores, en el momento de ser presentados por Ángel Luis Gómez Calle, de la Asociación de Catadores Umami. 

La vendimia del otoño de 2014 fue buena en líneas generales a juicio de los viticultores que se acogen al sello de calidad de Vino de la Tierra Costa de Cantabria y, tras el proceso de elaboración en la bodega, las primeras catas realizadas por expertos proyectan optimismo. A falta de que el vino llegue a su momento óptimo en las próximas semanas o meses, e incluso el año próximo en algunos casos, existe una coincidencia casi unánime de que el 2014 puede ser un año de relanzamiento para los vinos blancos de Cantabria, a lo que también contribuyen que las cepas van ganando con el tiempo y la mayor experiencia de este grupo de apasionados por el vino que están abriendo un camino sin tener referencia de antepasados o predecesores.

El pasado martes, la Asociación de Catadores Umami de Laredo consiguió reunir un año más a los principales viticultores de Cantabria, que presentaron sus vinos de 2014 en aunténtica primicia en una cata que tuvo lugar en la cafetería Gurugú de Colindres. Siete fueron las bodegas que aceptaron la invitación y que mostraron y explicaron las características de sus caldos. Otras tres bodegas, por circunstancias diversas, no pudieron asistir, lo cual no resta un ápice de representatividad a un acto sencillo pero muy ilustrativo, que también sirvió para reivindicar la calidad y la apuesta de futuro de los blancos de Cantabria. Aunque con producciones limitadas, sus responsables evidenciaron en sus intervenciones ganas y entusiasmo de elaborar un buen vino para que sea valorado y respetado, en primer lugar, en la propia Cantabria, como ocurre en otras regiones de España con sus caldos.

Tras la presentación inicial, cada viticultor explicó su vino y el proceso de elaboración, coincidiendo la mayoría en las buenas condiciones en las que se vendimió y en lo propicio que fue el tiempo en la fase fundamental de maduración de la uva.

Lancina. Ignacio Abajo. Bárcena de Cicero 3,5 has. 12.000 botellas

En este caso se presentaron dos vinos, un Godello y un Riesling, con los que luego se realiza un coupage. El primero, con un color amarillo pajizo y frutal en nariz, presenta a juicio de su elaborador muy buena acidez, es redondo y equilibrado. Tiene 12,2º y en boca es largo. El segundo es más amarillo pálido, muy aromático, con fruta más tropical y melosa, buena acidez en boca y muy equilibrado. Ignacio, que no ocultó estar «muy orgulloso» con los resultados obtenidos, dejó como epílogo un objetivo: «Mi objetivo es que el consumidor me considere un productor fiable».

Casona Micaela. Carlos Recio (Valle de Villaverde) 7,5 has. 50.000 botellas

Tras destacar que 2014 «fue un año excepcional» por el buen tiempo, lo que permitió completar un ciclo de vendimia muy satisfactorio, el responsable de esta bodega presentó su vino, 75% Albariño y 25% Riesling, al que considera muy diferente a los albariños que se elaboran en Galicia. Ya en la fase de cata, el Casona Micaela 2014 fue descritó por Recio como un vino con un buen brillo, amarillo pajizo con tonos versoso, complejo en nariz, muy limpio, con mucha fruta de hueso, manzana verde, tropical (piña) y flores. En boca, acidez muy redondeada, típica de los vinos del norte, que no molesta y que invita a tomar otro trago. A su juicio, más que un defecto, es una virtud.

Finalmente, destacó que este año, aunque se bodega es muy técnica, no han sido necesarios los recursos porque la materia prima ha sido muy buena.

Bodegas Nates. Benito Altuna (Junta de Voto). 3,5 has. 8.000-9.000 botellas

El responsable de estos viñedos calificó su producción de 2014 como de muy buena calidad, fruto de un coupage del 95% Albariño y 5% Godello. «El vino está bien», comentó un satisfecho Benito Altuna, «porque el vino que me gusta es el que te invita a seguir tomando». Destacó la regularidad de su bodega y lamentó la falta de cultura del vino de la tierra. «Cuesta bastante comercializarlo aquí por lo que es imprescindible vender fuera para dar salida a la producción». Finalmente, señaló que su vino no es solo para tomarlo en el año, sino que «también el año próximo estará bueno».

Sel d’Aiz. Asier Alonso (Castillo Pedroso). 5 has. 5.000-6.000 botellas

A unos 500 m de altitud, Asier tiene plantadas cepas de Albariño, Riesling y Godelo, con las que elabora diferentes vinos, como un monovarietal de Riesling, un coupage Albariño-Godello y el Yenda Spicata, con uva seleccionada de Albariño y Godello. Se trata de vinos jóvenes (tercera elaboración) y con los que su autor trata de que expresen la zona donde crecen las cepas, en un contexto en que reciben la mineralidad y la salinidad de la zona caliza a apenas cinco centímetros de profundidad.

Asier presentó el monovarietal Riesling, la uva que mejor se adapta a la zona, que en nariz es cítrico (mandarina, pomelo, naranja…), muy sutil, flores blancas, y que respecto al de años anteriores ha dado un salto cualitativo en aromas. En boca, a juicio de Asier, presenta cierta acidez -un rasgo positivo-, frescor… y se nota las citadas salinidad y mineralidad.

Se trata de un vino que su autor cree que evolucionará el botella y que estará incluso mejor el año próximo.

También adelantó que el Spicata este año no es tan explosivo pero que es más complejo en boca, y que tanto el Albariño como el Godello van evolucionando positivamente.

A modo de conclusión, se mostró «satisfecho, pero hay mucho trabajo que hacer y mucho que aprender».

Behetría de Cieza. Manuel Torío (Cieza).2 has. 10.500 botellas

El responsable de esta pequeña bodega, con solo dos de sus cuatro hectáreas en producción por el momento, apeló de entrada por la mejoría de los vinos de Cantabria y apostó por hacer «un producto de calidad, nunca de cantidad». Describió su viñedo ubicado en el valle de Cieza donde solamente tiene plantadas cepas de Albariño, decisión de la que no se arrepiente.

De la vendimia y el proceso de maduración de la uva mostró su satisfacción por «lo que ayudó el tiempo», lo que les permitió estar en buenos niveles de acidez. La elaboración aquí es de «la forma más natural posible, fermentando con levadura natural».

Sobre el vino, lo definió como «bastante complejo», ya que se elabora con lías y remontadas cada 15 días. En boca, resulta agradable sin esconder la complejidad, aunque Torío subrayó que «el vino aún no está en plenas facultades. Estará mejor dentro de dos meses». Incluso apuntó que puede ser un vino «de guarda», porque dos años aguanta bien y se suaviza bastante al paladar.

Este año también están preparando un vino elaborado en barrica de roble francés con un tostado muy suave, pero que aún no se ha embotellado. En botella deberá estar seis meses y Torío anunció a los asistentes de la cata que «el año que viene os lo presentaré aquí en primicia».

Señorío del Pas. Coral Saiz y Antonio Caballero (San Martín de Villafufre). 4 has. 2.000 botellas

Con un 85% de Godello y un 15% de Gewürztraminer, en esta marca se realiza todo el proceso bajo los parámetros exigente de agricultura biodinámica, tanto en el campo como en la bodega, lo que significa que el vino no reciba ningún aditino, e incluso que no se filtre: «Es un vino sin trampa ni cartón», afirman sus autores. Con una graduación de 12,8, Coral y Antonio definen su vino de 2014 con un color amarillo pajizo con tonalidades rosáceas; en nariz, con aromas de flores y frutas blancas; y en boca, con un punto de acidez, toques minerales y de fruta golosa. En 2013 no vinificaron porque la calidad de la uva no fue la adecuada, a su juicio.

Tejea Verde. Fernando Renovales (Valle de Villaverde). 2 has. 5.000-6.000 botellas

Fernando fue el más veterano de los viticultores que participaron en la cata de vinos de Cantabria 2014. Y por ello está legitimado para poder mostrar su satisfacción de haber sido un pionero en la recuperación de los vinos blancos de Cantabria. Recordó como hace 33 años los vizcaínos «me convencieron para poner unas cepas. Me enseñaron y la experiencia salió bastante bien».

En su caso tiene plantado Hondarribi Zuri (sobre el 80%), Riesling (sobre un 20%) y algo de Folle Blanche y Petit Manseng. Empezó con el chacolí, pero a través de los planes Proder le animaron a recuperar el vino blanco de Cantabria y así se fortaleció su trayectoria como productor de referencia.

En su caso, no profundizó en las características de su vino, habitualmente definido como fresco y agradable, pero Fernado Renovales no ocultó su alegría por el trabajo que están desarrollando sus «compañeros de viaje», que cada vez son más en número y que a su juicio lo están haciendo muy bien. Cuantificó el número de bodegas en Cantabria en 16 -algunas aún no están en producción a la espera de que sus viñas crezcan-, una cifra muy lejana a las que había en el siglo XIX, más de 180, pero que desaparecieron en su totalidad, algo que impide a los elaboradores actuales tener referencias, bibliografía, experiencias para poder corregir o contrastar.

 

FUENTE: El Diario  Montañés.es. 23 de mayo de 2015. José Luis Pérez

http://www.eldiariomontanes.es/planes/201505/23/anada-2014-vinos-blancos-20150523001025-v.html

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Aveleda-estate-Main-Residence-2Quinta de Aveleda, en Penafiel. Portugal

Portugal ha caminado hacia la modernidad tras décadas de oscuridad. Sin demasiado ruido, la Región de los Vinhos Verdes ha vivido su particular revolución enológica y es ahora cuando se muestra al mundo en todo su esplendor.

Hace unos años los lectores de Sobremesa fueron testigos de excepción de una iniciativa pionera: un enfrentamiento entre las dos orillas del Miño mediante una cata a ciegas de Albariños españoles de Rías Baixas y Alvarinhos de la Región de los Vinhos Verdes. Se trataba, a priori, de un duelo ibérico claramente descompensado. Pero una selección formada por expertos de ambos países dictó sentencia y, contra todo pronóstico, los vinos portugueses coparon los primeros puestos. ¿Qué había ocurrido? Simplemente que los nuevos vinhos verdes ya estaban ahí desde hacía tiempo y solo había que descubrirlos.

 Un nuevo comienzo

quinta-da-aveleda-lvHasta hace algunos años, estos vinos estaban considerados como una especie de souvenir gastronómico del norte de Portugal, perfectos para acompañar a cualquiera de las recetas de bacalao –dicen que hay 365, una para cada día del año- que se elaboran en el país. El cultivo primitivo en minifundios y la prohibición de plantar grandes viñedos en la zona impuesta por el gobierno de Salazar había desterrado al vinho verde al consumo regional y casero. Hace dos décadas y libre ya de restricciones, la Comissão de Viticultura da Região dos Vinhos Verdes (CVRVV)puso los puntos sobre las íes e instó a las bodegas de la zona a centrar su producción en los blancos, mucho más comerciales y fáciles de exportar. Los productores aceptaron el reto y las correspondientes subvenciones, pero una transformación de tal magnitud necesitaba de algo más que un simple cambio de mentalidad empresarial y una inyección económica. Afortunadamente, el cambio de milenio trajo consigo una nueva generación de enólogos con amplitud de miras dispuestos a encabezar una de las mayores reconversiones vinícolas de la historia de Portugal.

 Tiempos modernos
 Las variedades utilizadas para elaborar vinho verde continúan siendo autóctonas, pero estos nuevos enólogos –algunos procedentes de Galicia- han llevado a cabo una criba considerable y se han centrado solo en aquellas a las que les pueden sacar mejor partido: Avesso, Arinto, Alvarinho, Trajadura y Loureiro. En el viñedo –el mayor de Portugal con más de 34.000 hectáreas-, el caos selvático de antaño ha sido sustituido por el cultivo en espalderas con el fin de hacer prevalecer la calidad frente a la cantidad. El antiguo enforcado, un sistema mediante el que las cepas descansan en lo alto de árboles a tres o cuatro metros de altura y exige vendimiar en escalera, ha sido relegado definitivamente y se ha convertido en una rareza difícil de encontrar. Lo mismo ocurre con el ramado, solo empleado ya para elaborar vino en fincas particulares. En las grandes quintas, su presencia es meramente ornamental.
 La innovación y las nuevas modas están presentes también en algunas bodegas de la zona. El profesor de enología Rogerio de Castro ha implantado en el viñedo de su Quinta de Lourosa el sistema de conducción en Lys, que permite, según su hija Juana, “una mayor productividad y una vendimia manual más rápida”, y Solar del Merufe ha elegido la biodinámica como forma de cultivo. Los resultados son desiguales, pero el salto de calidad es indiscutible. En general, la agresividad clásica del vinho verde ha dado paso a cierta elegancia sin perder un ápice de frescura.
Entre ríos

[Img #6378]Cualquiera que se adentre en la Región de los Vinhos Verdes desde Galicia no encontrará, a priori, grandes diferencias entre ambos paisajes. El Minho, al norte; el majestuoso Douro, al sur; el océano Atlántico, al oeste; y varios sistemas montañosos al este acotan la región como si de un inmenso anfiteatro se tratara. Su escenario, pintado de verde por cientos de bosques de pino y eucalipto, tierras de pasto y cultivos, es una sucesión de frondosos valles fluviales en los que la vegetación se muestra especialmente exuberante. Los ríos Este, Cávado, Lima y Támega no cesan de dar riqueza a una tierra que parece tener vida propia. En sus pueblos y aldeas, donde no parece pasar el tiempo, reina la tranquilidad y el sosiego. Pero, sin duda, lo que marca la diferencia entre el paisaje gallego y portugués es el viñedo, integrado entre casas, bosques y montañas como en ningún otro lugar de la Península Ibérica. Toda la región está salpicada de viñas y cada campo de cultivo, por pequeño que sea, está rodeado de su particular ramado. Las parras de Alvarinho, Loureiro y Trajadura mantienen la esencia de un vino cuya presencia es imprescindible en cualquier hogar del norte de Portugal y del que, por fin, podemos disfrutar sin complejos en cualquier parte del mundo.

FUENTE: SOOBREMESA.es

Autor: Alex Calvo. Imagen:Antonio de Benito
 25 de febrero de 2015

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Desde los viñedos más altos del mundo, el Torrontés seduce mercados extranjeros

 

Ahora que llega el verano, los vinos blancos son los más adecuados para disfrutar de ellos en las comidas, en las tertulias de amigos, o, simplemente, para degustarlos en la barra de un bar o cafetería, acompañando a unos calmares a la romana, o unas tapas y pintxos del gusto de cada uno.

Mucho ha costado que el vino blanco se abra mercado en nuestro país y que guste a muchos aficionados que hasta hace bien poco no se recataban de decir que el mejor vino blanco es un ¡buen tinto! Y hasta cierto punto tenían razón. En general se producían vinos blancos infames, muchas veces oxidados y cabezones, imposibles de beber para disfrutar con ellos. Pero las cosas han cambiado y hoy es fácil encontrar buenos blancos gallegos a base de variedades de albariño o godello; «ruedas» de veerdejo o sauvignons blanc; txakolís vascos a base de hondarrabis y otras variedades; sin olvidar algunos vinos de uvas «importadas» como los chardonnay y otras.

Ahora la asignatura pendiente es probar los vinos de otros lugares del planeta, y a poder ser con las propias uvas nativas: Chardonnay, Sauvignon Blanc y otras de origen francés; los Riesling o Gewürstraminer alemanes; las abundantes  variedades italianas italianas; y con ellas las de suramérica, como puede ser la Torrontés argentina que a pesar de coincidir en el nombre poco tiene que ver con la española, como no sea la aportación de la uva «criolla» o «misión» que proceden de la época de la colonización, llevadas para el uso litúrgico del vino, por una parte, y para su explotación vinícola por otra. Así se puede ver en el siguiente reportaje tomado de la publicación digital LaBolsa.com

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El Torrontés, un vino blanco frutado genuinamente argentino que desde hace siglos se cultiva en las mesetas del noroeste del país, donde están los viñedos más altos del mundo, ha logrado con su dulzor conquistar nuevos mercados, particularmente el norteamericano.

En la provincia de Salta, el Torrontés se desarrolla en las montañas de los valles Calchaquíes que alcanzan 3.000 metros de altura. Mientras que las otras cepas cultivadas en Argentina -como el Malbec, Cabernet Sauvignon o Chardonnay-, vienen de Europa, el Torrontés se jacta de ser auténticamente argentino.

Su origen se remonta a los tiempos de la colonización, cuando misioneros españoles cruzaron el Moscatel de Alejandría y el Criolla que habían traído hasta Argentina, según reza la leyenda vinícola de este país sudamericano.

“Quien dice misionero, dice Iglesia, y quien dice Iglesia, dice vino. Implantaron viñedos por todos lados para poder hacer el vino de misa”, explica Thibaut Delmotte, un enólogo francés que trabaja desde hace unos años para la bodega Colomé, ubicada en Molinos, un pueblo a 1.500 km al noroeste de Buenos Aires.

“Estamos seguros de que (los conquistadores) venían con Moscatel de Alejandría, estamos seguros de que venían con Criolla, no sabemos si vinieron con el Torrontés o si se formó naturalmente en los viñedos”, dijo el enólogo.

Para acceder a la bodega Colomé, en la provincia de Salta, hay que tomar una ruta de tierra. Sus viñedos, situados entre 2.300 y 3.100 metros en las montañas de los valles Calchaquíes, son los más altos del mundo.

El lugar ofrece condiciones ideales para el cultivo de una cepa que nació en esta región de Argentina. El Torrontés es un vino con muchos aromas como durazno y jazmín, y cuyo sabor particular debe mucho a la altura, explica Delmotte.

“Tenemos jornadas de mucho sol pero con temperaturas no tan altas, 28, 30 grados, lo que no quema demasiado los aromas. Y las noches son muy frías, lo cual nos permite conservar la acidez de la uva y la frescura del vino”, afirmó.

– Con Asia en la mira –

Exceptuando algunos viñedos aislados en Chile y Uruguay, el Torrontés sólo se cultiva en Argentina y principalmente en la provincia de Salta. Existen únicamente tres tipos: el riojano, el más famoso y considerado el mejor, el mendocino y el sanjuanino.

Muy conocida entre los argentinos, la cepa vive desde hace unos años un creciente éxito, como resultado de una larga campaña de promoción en la década del 2000.

En 2013, Argentina exportó 8,6 millones de litros de Torrontés, prácticamente el doble de lo que exportaba en 2005, según datos del Observatorio del vino argentino.

Y el primer destino para esta cepa es América del Norte. Estados Unidos representó 28% de las exportaciones entre enero 2013 y marzo 2014, por delante de Canadá, con 15%.

Mientras tanto, desde el lado asiático, China, Taiwán y Singapur figuran como nuevos importadores de Torrontés.

Las cifras aún están muy alejadas de las exportaciones de Malbec (114 millones de litros en 2013) o incluso del Chardonnay (15 millones de litros), pero este fuerte crecimiento hace pensar que el Torrontés no será sólo un producto a pequeña escala, lo cual ilusiona a los productores.

La originalidad de ser un vino 100% argentino es un argumento comercial de peso: “Todo el mundo trata de diferenciarse en el competitivo universo del vino”, explica Mario Giordano, director general de la organización Wines of Argentina, por eso “el Torrontés nos da la posibilidad de distinguirnos”, aseveró.

En Cafayate, pequeña ciudad turística al pie de los viñedos, se regocijan por el entusiasmo que despierta la especialidad local entre turistas extranjeros.

El Torrontés, que no se conserva más de dos años, es especialmente adecuado para degustarse con platos de pescado crudo como el ceviche o el sushi.

En Francia, el restaurante Bras (Laguiole, centro sur), que ostenta tres estrellas en la guía gastronómica Michelin, el sommelier argentino Sergio Calderón sirve a los comensales Torrontés con tartaletas de setas.

“El Torrontés es una cepa singular que tiene parecidos desde el punto de vista aromático con los Moscatel, Viognier. Es un vino que se aprecia por su carácter aromático, muy liviano en la boca, lo que lo vuelve ideal para el aperitivo”, recomienda el argentino.

 

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Por lo general, cuando hablamos de vino se nos viene a la mente el vino tinto. Sin embargo, el vino blanco es una bebida fresca que se puede acompañar con todas las comidas. Además es un excelente aperitivo que puede beberse frío o a temperatura ambiente. A continuación, te damos las características de un buen vino blanco.

Color y sabor

Dependiendo el tipo de uva es el vino que se obtiene. Ahora bien, si en el proceso se deja la cáscara o el hollejo, el vino tendrá determinadas características que lo diferenciarán en color y sabor. El vino blanco se caracteriza por tener poco contacto con la piel de la uva.

El color del vino blanco varía desde el transparente al ámbar. Si las uvas con las que se elabora son jóvenes el vino será más claro. Con la maduración de la fruta o del propio vino en barricas la oxidación y el tiempo le dan una coloración que tiende al amarillo.

El afrutamiento también varía con el tipo de uva seleccionada pero en general podemos encontrar toques de nueces, duraznos, frutas tropicales y cítricos.

Con referencia a los taninos el vino blanco presenta muy pocos debido a su escaso contacto con la cáscara de la uva. Es por eso que el vino suele ser entre dulce y seco, sin presentar la sensación de amargura en la lengua.

Podemos comprobar signos de astringencia en la lengua y el paladar sobre todo en vinos elaborados con Chardonnay. Otro efecto que podemos comprobar es un ligero burbujeo debido a la disolución de CO2 encontrado en vinos con fermento, acompañado de una sensación de olor a bosque húmedo. Esto se debe a la fermentación maloláctica que se produce en la botella.

Cuando tenemos el líquido en la boca podremos distinguir si fue decantado en barricas de roble francés, cuando tenemos un gusto a madera especiada, o si se hizo en barricas de roble americano cuando el gusto es similar a la vainilla.

La oxidación del vino blanco será determinada por su edad. Los vinos añejos presentarán un aroma a caramelo con una coloración dorada.

Si el vino tiene un gusto muy complejo, seguramente se debe a que hubo varias varietales utilizadas en su elaboración.

Elaboración del vino blanco

Para los vinos elaborados en climas cálidos encontraremos un sabor profundo, con poca acidez y un ligero brillo frutal. Es una regla que entre más cálida sea la región donde se produce el vino este será menos ácido. Debido a que en estos climas la uva madura y se oxida con mayor facilidad, los vinos tenderán a ser de color más bien dorado.

Los vinos elaborados en climas fríos conllevan una acidez más pronunciada. Si la uva es joven esta acidez se intensificará. Si se dejan mucho tiempo en la vid, las uvas se congelan, lo que hace liberar azúcar y los hará más dulces.

Si el vino es de un clima templado es más fácil controlar los niveles de azúcar y acidez. Lo cierto es que en los modernos procesos de elaboración, es sencillo controlar estos niveles gracias a la tecnología.

Fuente: El Gran Catador

informe 21.com – 18/05/2014

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Mis vinos Blancos del Verano

blancos-veranoEl verano es tiempo de blancos. Desde nuestro vestuario, con ropas más vaporosas y colores claros, hasta el vino con el que acompañamos comidas más ligeras que sustituyen a los platos más contundentes de cuchara. El vino, al igual que la gastronomía, se adapta a las circunstancias y siempre podemos encontrar una opción perfecta para acompañar nuestros platos veraniegos.

Desde hace tiempo y a la llegada del verano, acostumbro recomendar a mis compañeros de cata, así  como a los amigos y familiares aficionados al vino, que durante la época estival dediquen una mayor atención a la bebida de vinos blancos, aprovechando la mejor climatología, la mayor duración de la luz diurna, la vida al aire libre, el ambiente vacacional, las comidas más ligeras y propicias a hacerlas en grupo de familia o de amigos, así como otros alicientes a los que cada cual desee acogerse.

Es mi costumbre entrar en el estío con la recomendación de «los vinos blancos y las bicicletas son para el verano· remedando la conocida obra teatral del recordado Fernando Fernán Gómez, que en 1977 consiguió el Premio Lope de Vega, del Ayuntamiento de Madrid, y en 1984 sirvió de argumento para una película dirigida por Jaime Chávarri.

Felizmente para los amantes del vino, hace ya algunas décadas que los vinos que se elaboran en España son de excelente calidad, aunque como en todo se ha de aprender a conocerlos y disfrutar con los que realmente merecen el citado csalificativo. Porque también los hay que no merecen la pena ni descorchar la botella para beberlos.

Y aunque uno es bebedor de vinos blancos a lo largo del año, es en el verano cuando más disfruto de ellos, procurando degustarlos con alimentos con los que el vino muestra sus cualidades en la inteligente combinación de alimento «sólido» y bebida.

Por todo lo cual, deseo compartir con quienes esto lean los vinos que he degustado durante este verano próximo a terminar en pocos días. No se trata de «presumir» de exquisitos vinos. Sus precios oscilan entre los cinco y los diez euros. No pretendía otra cosa, aunque he procurado beber dentro de los que me gustan por su procedencia, elaboración, uvas de origen, etc. También aclaro que los he tomado en casa, en alguna terraza, txoko o donde haya querido que hiciera las comidas, y siempre en compañía y por botellas,. Es decir, ninguno en «chiquiteo» aunque puedan coincidor con los que se toman en la barra del bar o cafetería. Los he tomado, pero no «contalilizan».

MIS VINOS BLANCOS DE VERANO

 1.     UIXAR. 2012. Bodega: Gorka Izagirre (Iturrialde). Variedad: Hondarrabi Zuri Zerratia. Vol. 12% Denominación: Bizkaiko Txakolina.

2.     ITSASMENDI “7”. 2012. B. Itsasmendi. Gernika. Hondarrabi Zuri, Hondarrabi Zure Zerratia y Riesling. Vol. 12,5%. Denominación: Bizkaiko Txakolina.

3.     BUTROI. 2012. Txoñe S.L. Gatika. Variedad: No especifica. Vol. 12%. Denominación: Bizkaiko Txakolina.

4.     MAGALARTE. 2012. MAGALARTE. Lezama. Variedad: No especifica. Vol.: 12%. D.O.: Bizkaiko Txakolina.

5.     VIÑA SOL. 2012. TORRES, S.A. Vilafranca del Penedés. BCN. Variedad: Parellada. Vol.: 12%. D.O. PENEDES.

6.     DOMAINE BELLEGARDE. 2011. PASCAL LABASSE VIGNERONS. E.A.R.L.  Variedad: 100% Petit Manseng. Vino dulce. Vol.: 13%. Denominación: A.O.C. JURANÇON.

7.     MONOPOLE. SIGLO XXI. 2012. CVNE. Haro. La Rioja. Variedad. Verdejo. Vol. 12,5%. Elaborado por R.E. 2098 VA –Agrícola Castellana, S.C.Ltd.- La Seca, Valladolid, para CVNE. D.O. VERDEJO – RUEDA.

8.   HEREDEROS DEL MARQUES DE RISCAL. 2012. Bodega de los Herederos del Marqués de Riscal. Rueda. Vol. 13%. D.O. VERDEJO – RUEDA.

9.   ARETXAGA. 2012. Bodegas Virgen de Lorea, s.l. Otxaran. Zalla. Variedades: Hondarrabi Zuri y Folle Blanc, Vol. 12%. D.O. Bizkaiko Txakolina.

10. ERDIKOETXE. 2012. Andoni Ojanguren Zorroza. Lezama. Variedad: No indica. Vol. 11,5%. D.O. Bizkaiko Txakolina.

11. VIÑAS DEL VERO. Gewürztraminer. 2012. Viñas del Vero, S.A. Barbastro. Huesca. Variedad: Gewürztraminer. Vol. 13% vol.  D.O. SOMONTANO

12. APOTEOSIS. 2012. Agrícola Castellana, S.C.L. La Seca. Valladolid. Vol. 12,5%. Variedad: Verdejo y Viura. D.O. RUEDA.

13. MASET VIOGNIER Finca La Majuela. 2012. Maset, Vinos y Cavas. Penedés. BCN. Variedad: Viognier.Vol. 14%.  D.O. Vino de la T. de Castilla.

14.  GRAN FEUDO. 2012. Bodegas Gran Feudo. Cintruénigo. Navarra. Chardonnay. Vol. 13%. D.O. NAVARRA.

15. ETCHART. Privado. 2011. Bodegas Etchart. Cafayate, Salta. Argentina. Torrontés. Vol. 13,5%. ARGENTINA.

16. GABA DO XIL. 2012. Cia. de Vinos TELMO RODRIGUEZ. Lanciego. Alava. Godello. Vol.  13,5%. D.O. VALDEORRAS.

17. BITXIA. 2011. Bodegas Talleri. Murga. Bizkaia. Honarrabi Zuri. Vol. 12,5%. D.O. BIZKAIKO TXAKOLINA.

18.  ANTONIO BARBADILLO. Castillo de San Diego.  2012. Bodegas Barbadillo, s.l. Sanlúcar de Barrameda.

No pretendo hacer una reseña comparativa. Todos me supieron bien, y cada uno me aportó su carácter y su «espíritu”, ayudándome a disfrutar con todos ellos. No quiero ser desconsiderado con estableciendo jerarquías y valorando los comparativos de unos con otros. A todos ellos les doy las gracias por el buen rato que me dieron, tanto a mí, como a quienes los degustaron conmigo.

 

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