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Archive for 23 abril 2017

La subregión adscrita a la D.O.C. Vinho Verde, Melgaço y Monçao, se erige como la zona de producción internacional donde nacen algunos de los proyectos más sólidos y modernos en torno a la alvarinho, sinonimia de nuestra albariño.

Situada frente al Condado de Tea pontevedrés y separada únicamente por el caudal del Miño, la reconocida subregión de Melgaço y Monçao bien podría competir de tú a tú por ser la más prestigiosa de las subzonas acogidas a la D.O. Rías Baixas si estuviera en suelo español. Por singladura, originalidad de los proyectos y, fundamentalmente, por la interpretación del terroir, Melgaço y Monçao se han convertido en los dos municipios que actúan como punta de lanza de las elaboraciones llevadas a cabo con la autóctona alvarinho.

Una comarca beneficiada por un clima atlántico suave, debido a la protección que ofrecen el precioso Parque Nacional Peneda-Géres y, fundamentalmente, las pequeñas montañas gallegas que la cobijan de los vientos procedentes del océano. Aunque el nivel pluviométrico en la zona supera de media anualmente los 1.200 mm, elrainfall –precipitaciones durante el ciclo vegetativo– apenas alcanza, en el mejor de los casos, los 300 mm. Un dato que se traduce en niveles bajos de humedad y, por tanto, que mantiene alejadas enfermedades como el mildiu –muy sensible–, el oídio –medianamente– o la botrytis –en menor medida–. De hecho, resulta realmente sorprendente escuchar a algunos de los bodegueros y enólogos responsables de los vinos de la zona sobre el emparrado con el que se conducen a día de hoy buena parte de los viñedos de albariño gallego. Sencillamente, es un atractivo sin parangón para la humedad que afecta a las uvas dotándolas, igualmente, de una mayor concentración de ácido málico. De ahí, que actualmente en Melgaço y Monçao compartan cada vez menos protagonismo los históricos emparrados con un variopinto tipo deconducciones en espaldera –sobre todo en cordón ascendente y cordón “retumbante”– , muchas de ellas en régimen ecológico.

Otro de los factores que influye, decisivamente, en la personalidad de los blancos de esta región granítica es su exposición.  A diferencia de sus vecinos gallegos del Condado, las viñas de alvarinho de Melgaço y Monçao también descienden hacia el río Miño desde los 230 hasta los 50 metros, pero están orientadas hacia el norte. Esto garantiza maduraciones más ralentizadas, que se traducen en recolectas más tardías de vinos elegantemente más frescos y con genuino nervio.

Si las bondades de la alvarinho cultivada en esta subzona acogida a Vinho Verde no han calado en el consumidor español cabe interpretar un desconocimiento de la trayectoria recorrida en los últimos lustros y de la situación actual de estos vinificados, que la globalización se está encargando de reparar. Hace poco más de una década, comercializar alvarinho en España era como vender un mencía de Ribeira Sacra en Ponferrada o uno del Bierzo en Chantada. Pero actualmente, apabulla la cantidad de productores portugueses que cruzan la raia –el Miño– hasta el corazón de Rías Baixas para presentar sus vinos en templos vinícolas pontevedreses como Viñoteca Bagos. Exposiciones repletas de acólitos de Baco y ligadas a una distribución, que están obligadas a competir con los albariños locales y que, preocupantemente para los bodegueros nacionales, birlan merecidamente un trozo del pastel del consumidor final.

Origen de la uva

[Img #12261]Vilipendiada como prima lejana de la noble riesling, los estudios genéticos son claros al respecto: la alvarinho/albariño no tiene nada que ver ni con la casta centroeuropea ni con ninguna otra vinífera reconocida internacionalmente. Una uva autóctona del noroeste peninsular, cuyos orígenes están cada vez más ligados al Valle del Salnés pontevedrés. De unos años a esta parte, Bodegas Gil Armada junto con Bodegas Zárate están trabajando para corroborar si el origen de la variedad se encuentra en el Pazo de Fefiñanes de Cambados, donde habitan unas cepas centenarias de una uva popularmente conocida como albariño tinto. Y hay serios indicios sobre si su transformación genética a casta blanca se debió al carácter frío de Galicia.

Su actual éxito en los mercados internacionales más importantes, como Estados Unidos o Gran Bretaña, se debe a sus magníficas peculiaridades, que la diferencian significativamente de otros varietales autóctonos del noroeste peninsular como la godello, la loureira, la treixadura o la avesso. En su piel gruesa reside el atractivo de los vinos de guarda más importantes que se elaboran al otro lado del Miño. Olvidaos de aquellos blancos con un punto de carbónico y con la acidez desproporcionada, que todavía se pueden encontrar con cierta facilidad, e imaginad un amplio abanico de elaboraciones modernas. Las escasas 800 hectáreas de viñedo acogido a la subregión Melgaço y Monçao dan para mucho. Viñedos ecológicos y biodinámicos van ganando terreno en la zona de producción. Y con la misma delicadeza que se trata la viña, también se procesa la uva en las bodegas. Depósitos de acero inoxidable para las gamas más asequibles comparten espacio con barricas de todos los tamaños, tinas de los robledales más deseados de Francia, huevos de cemento… Amén de los vinos espumantes y de los aguardientes, de contrastada calidad, que merecen otro capítulo aparte.

Uno de los primeros monçanenses en dotar de grandeza a sus alvarinhos fue Anselmo Mendes, descendiente de viticultores durante varias generaciones. Corría la excelente añada 2001 cuando diseñaCurtimenta, una expresión que hace referencia a la fermentación con las pieles de la uva. “El mercado no entendió aquel vino entonces y no se vendió toda la cosecha hasta varios años después”, asegura Mendes al respecto. Pero con aquél y otros blancos –también gallegos– ya se habían cruzado las líneas preestablecidas de vinificación con la variedad alvarinho. Hoy, aquel Curtimenta solo lleva un porcentaje de los hollejos en su elaboración. Tempo, su elixir más sobresaliente, mantiene aquella filosofía al 100% y se sitúa como uno de los blancos más caros y reconocidos de Portugal. Pero Anselmo Mendes elabora vinos para todos los gustos y precios, como el delicado Contacto –hace referencia a su estancia con lías– o la amplia gama de vinos de Muros Antigos, con un monovarietal muy asequible de alvarinho.

[Img #12258]Aunque para relaciones calidad-precio imbatibles, la cooperativa de su pueblo constituida hace casi 60 años y rebautizada como Adega de Monçao, se lleva la palma. Una iniciativa que ha sabido modernizarse con los años sin perder su esencia ni competencia en los precios. Valga como ejemplo su Alvarinho Deu La Deu Estagiado o su Murallas de Monçao –con un mínimo porcentaje de treixadura–, que todavía se puede beber en restaurantes lusos por menos de 10 euros, con su cubitera y sus copas de calidad.

Quinta da Cheira es otra de las casas elaboradoras a tener en cuenta, pero entre las últimas bodegas en asentarse en la región destacan el proyecto del grupo bodeguero João Portugal Ramos, dirigido por Antonina Barbosa, y el de Quinta da Pedra, que apunta buenas maneras. Su preciosa bodega, encajada entre bloques naturales de granito, fue proyectada fulgurantemente por Carlos Dias, alma mater y propietario. Junto a este inmueble  inspirado en las murallas de Monçao se topa el mayor latifundio de la región, con 43 hectáreas de viñedo cultivado. Una viña conducida en cordón al estilo de los viñedos bordeleses que ofrece, entre otros, un par de alvarinhos muy serios, Milagres y Quinta da Pedra, elaborados por el enólogo Pascal Chatonnet –descendiente de la conocida saga de vitivinicultores del Pomerol–. Vinos de guarda vestidos con botellas personalizadas, aunque tremendamente aparatosas.

 

 

FUENTE: SOBREMESA. Revista Española del Vino y la Gastronomia.

 Autor: Marcial Pita. Imágenes: Archivo

Martes, 18 de abril de 2017

 

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